El inicio de Crepes & Waffles ilustra un proceso habitual para quienes comienzan un negocio gastronómico independiente en Bogotá a inicios de los años ochenta. Según la historia publicada por la compañía, la empresa dio sus primeros pasos el 13 de abril de 1980 en un garaje ubicado en el barrio Chicó, una zona residencial de la ciudad.

En ese primer local, los fundadores asumieron funciones distintas y complementarias: Eduardo Macía se encargaba de cocinar, mientras Beatriz Fernández atendía a los clientes de manera directa. Este esquema refleja una forma sencilla y práctica de operación en la etapa de inicio, cuando los recursos son limitados y el contacto directo con el consumidor es indispensable para entender sus preferencias y ajustar la oferta.

El espacio inicial, un garaje adaptado para la preparación y venta, posiblemente presentaba restricciones en cuanto a tamaño y capacidad, características comunes en los primeros momentos de muchos emprendimientos gastronómicos. La implicación directa de quienes lo abrieron en las actividades diarias facilita el aprendizaje del oficio, la administración básica y la comprensión del comportamiento del cliente.

La apertura del segundo espacio en Bogotá

Tres años después, en 1983, la empresa registró la apertura de un segundo local ubicado en el Centro Internacional de Bogotá. Esta expansión representa un paso significativo en la trayectoria empresarial, pues implica trasladar la operación de un espacio reducido y familiar a una ubicación posiblemente más comercial y accesible.

Este movimiento no implica un cambio inmediato en la estructura organizacional o un aumento considerable en los recursos humanos, dado que en ese tiempo Crepes & Waffles mantenía una operación aún gestionada directamente por sus fundadores. Sin embargo, al abrir un segundo punto de venta, surgieron requerimientos adicionales como la organización de los procesos, el control de insumos y la atención simultánea en dos lugares.

Abrir un segundo local en un sitio más concurrido puede ser una alternativa adecuada para quienes desean ampliar el alcance de su negocio sin dejar la gestión directa pero conscientes de que la restaurantes tendrán que atender demandas de clientes diferentes y posiblemente mayores. En este caso, Bogotá ofrecía una oportunidad para probar esta expansión, manteniendo una cercanía con el mercado inicial y un control operativo directo.

Del garaje a nuevas ciudades

Finalmente, en 1984, Crepes & Waffles inauguró un local en Cartagena, marcando la salida de Bogotá y el salto a otra ciudad. Este nuevo paso indica un avance que va más allá de la simple multiplicación de puntos de venta, incorporando un componente geográfico que implica mayor logística y comprensión de un mercado distinto.

Tanto el paso inicial de cocinar y atender personalmente como la expansión hacia nuevas ubicaciones reflejan una aproximación gradual al crecimiento. El primer espacio fue un lugar donde se aprendió el oficio, se experimentó con la atención directa y se estableció una base estable para la marca. Luego, la apertura del segundo local en una zona más comercial de Bogotá permitió explorar la replicabilidad del modelo en ambientes con más tráfico y potencial de clientes.

Al trasladarse a Cartagena, la empresa comenzó a abordar retos adicionales, como la administración de un establecimiento a distancia y la adaptación a particulares del mercado regional. Esta trayectoria muestra un proceso de puesta en marcha y consolidación que puede resultar familiar para otros negocios gastronómicos y pequeñas empresas familiares que inician con recursos limitados y un manejo directo.

Consideraciones para empresarios en etapas iniciales

Los primeros pasos de Crepes & Waffles evidencian que iniciar con un espacio reducido y atender personalmente cada etapa ayuda a conocer el producto y la demanda sin asumir costos fijos elevados. Para un emprendedor en Bogotá, montar el negocio en un lugar pequeño, incluso un garaje adaptado, puede ser una alternativa viable para validar la oferta y establecer una base operativa.

Avanzar hacia un segundo local implica dedicar tiempo a nuevos desafíos, como supervisar varios sitios y posiblemente delegar algunas funciones operativas. Esta decisión requiere valorar si se mantienen los recursos disponibles y si existe la demanda para un crecimiento escalonado.

Por último, la expansión hacia otras ciudades implica considerar costos adicionales de transporte y mayor complejidad en la operación. Aunque no siempre sea inmediato ni para todos los casos, experiencia documentada como esta señala que el crecimiento puede ser paulatino y medido, ajustándose a las capacidades de quienes gestionan el negocio.

Datos documentados del episodio inicial de Crepes & Waffles

La empresa abrió su primer local el 13 de abril de 1980 en un garaje en Chicó, Bogotá, donde la cocina y el servicio estuvieron a cargo de sus fundadores. El segundo espacio se ubicó en el Centro Internacional de Bogotá en 1983. La siguiente apertura fue en Cartagena en 1984. Esta información proviene de la historia corporativa oficial.

Para quienes desean conocer esta historia directamente, puede consultarse la página oficial de Crepes & Waffles en crepesywaffles.com/historia.

Por editor